¿Qué símbolo define al humano?

El ombligo.

Claro y contundente.

Etimológicamente, símbolo significa un objeto partido en dos. Ambas partes recuerdan que eran una unidad, así pues trabajar lo simbólico sirve para reunificar las dos partes separadas.

Aplíquelo al ombligo.

El cordón umbilical nos mantiene unido a la matriz y cuando se corta deberíamos , en teoría, construirnos como sujetos.

Ser uno.

Sí, femenino y masculino, cuerpo y espíritu, yin y yang. Todo eso que ya nos explicó la mitología griega.

¿Los griegos ya lo contaron todo?

Los mitos griegos, los indios, los esquimales, los africanos…, son todos los mismos.

¿El ser humano ya está contado?

El ser humano es ignorante de sus raíces, y es el papel de la educación, del arte, de la cultura es iluminar nuestro origen, porque si no sabemos de dónde venimos no sabremos a dónde vamos.

Cierto.

El símbolo es una forma pedagógica para ­reencontrar partes de nosotros que hemos ­olvidado.

Deme una clave.

La venganza es una llave. Un mecanismo infinito: la violencia siempre es una respuesta a una violencia anterior quizás olvidada.

¿No podemos detenerla?

Yo propongo, de la forma más simple, reemplazar la venganza por la revancha.

¿Cuál es la diferencia?

Con la venganza yo te hago daño y con eso pierdo parte de mi humanidad. Con la revancha yo no te hago daño, te gano pero no te aplasto, como en el tenis, y entonces crezco.

¿Cómo aplicarlo?

Imagine que en un colegio hay un niño al que han humillado y él se venga, y así el ciclo de violencia se perpetúa. Yo puedo coger a ese niño antes de que se vengue y decirle: “Ahora lo importante es que tú muestres quién eres y desarrolles tus cualidades, porque tú eres un niño extraordinario”.

“¡Pero es que me ha hecho daño!”, protesta el niño.

“Pues conviértete en alguien más fuerte, y cuando seas más fuerte ya no te podrán hacer daño, tómate la revancha”, este es el espíritu.

Es algo muy sutil, póngame otro ejemplo.

Una mujer despechada a la que el marido ha engañado. La revancha sería volver a la universidad y preparar una licenciatura, concentrar la humillación en ser mejor, así el sufrimiento no la aplasta y no querrá aplastar al otro. Va a tomar esa oportunidad para transformarse.

¿Qué le interesa a usted especialmente?

El tema del doble. La parte escondida de uno mismo, la ambigüedad, la ambivalencia, reconocerla nos pacifica y pacificaría al mundo.

¿…?

…Porque no somos de una pieza, somos seres paradójicos: lo que yo detesto en el mundo suele ser una parte mía que no he resuelto y no quiero ver; el reconocimiento de esa contradicción es un reconocimiento del otro.

Suele estar en un ángulo muerto. ¿Hay algún retrovisor que nos permita verla?

Sí, la memoria es un retrovisor, y sobre todo los sueños. En los sueños nada se olvida.

Pero no recordamos los sueños.

Y cuando los recordamos no los comprendemos, necesitamos ayuda para interpretarlos. Hay una frase de Baudelaire que me toca profundamente: “Yo tengo más recuerdos que si tuviera mil años”. Lo tenemos todo en nosotros, pero lo hemos olvidado para reencontrarlo.

¿Tiene algún remedio?

Sí, un cuaderno de sueños: cada mañana al despertar pones la fecha y lo anotas, tal cual, en bruto y en tiempo presente, sin comentarios.

¿Y si no lo recuerdas?

Escribes: “No recuerdo de sueños”, porque el inconsciente recibe la información de que te interesas por él y en 21 días los primeros sueños empiezan a rememorarse. Es un método poderoso para conocerse y estar más en paz.

¿Tiene más llaves?

La poesía. Yo creo que nuestra humanidad ­adolece porque no sueña lo suficiente y por- que la poesía está asfixiada. Los problemas no son solo económicos o políticos, también son poéticos.

La poesía es una clave para volver a dar encanto al mundo. Es inspiración. Yo le propongo que aprenda de memoria los poemas que le gustan y cuando no se sienta bien, recite en voz alta. Y hágalo también en una cena aburrida, en la que se discute de política, tensa o vulgar.

No sé yo.

Pruébelo, recite a Victor Hugo, verá como todo el mundo se calma. El arte es el medicamento universal.

Hay que bajar del pensamiento a la acción.

Cierto. No podemos quedarnos en el pen­samiento, porque los pensamientos se con­frontan, y en cambio los espíritus convergen. El símbolo hay que encarnarlo, ¿y cómo lo ­hacemos? Pidamos a nuestros niños que cuenten sus sueños, estimula la inteligencia y la ­escucha.

De acuerdo.

Necesitamos una sociedad que oferte arte, poesía, filosofía, sueños… La creatividad es básica tanto para crecer como para envejecer bien. La creatividad nos da la fuerza.